Confieso que he pensado

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¡Que vivan los irreverentes!

Pensar en contra de la corriente, en oposición a lo que la supuesta mayoría, y estar del lado que es catalogado como el incorrecto, es considerado por muchos como una muestra de originalidad. Yo por mi parte lo considero como la mayor demostración de valentía que pueda existir.

Y encima de eso, después de que se piensa, el poder de expresarlo, ¡ay, el poder expresarlo!, no imagino un éxtasis superior a ese. ¡Dios mío que grande es la libertad de expresión y pensamiento!

¿Habrá entonces angustia peor que el tener ideologías y creencias contrarias a la mayoría y tener que quedarse callado para evitar que la Inquisición se le venga a uno encima? ¿Cómo calla uno ese mar de pensamientos que le da la vida misma? ¡Cuanto envidio a los rebeldes!

¿Será difícil vivir toda una vida sintiendo inclinación hacia la oreja izquierda, pero tratando de adaptarse a lo que dice la oreja derecha, solo porque esta es la que se presenta como la buena, a pesar de que todo lo que sientes como bueno realmente se contradice con esta y coincide con aquella?

¡Dios mío, cuanta fuerza hay que tener para ignorar lo que debe ser ignorado y fomentar lo que debe ser fomentado!